12 feb. 2014

Que viva el amor.

Simona adora vivir, a pesar de que se bate cada día con gran cantidad de normas absurdas que tratan de impedirle ser ella misma, y que además, tratan de negarle la evidencia de muchos elementos reales. Tiene un corazón fuerte pues no le teme a la soledad. La soledad de despertar en una cama vacía, escuchar la radio, mirarse al espejo y quererse tal como es, amarse sin que nadie le hable en las mañanas, con la única compañía de su corazón,  el cual la obliga a que sienta lo valiosa que es.

Cada día es único, y en cada uno de ellos sus actos  van cargados de acciones que continuamente persiguen su sueño, ¿o tal vez sueños...? ¿Qué debería desear Simona? Los días que el dilema se presenta en su cabeza una dura batalla transcurre en su interior. Vacío, tristeza, orgullo y libertad  son sólo algunos de los sentimientos que la recorren en apenas pocas horas. El día que decide transgredir  se siente libre y fuerte,  creando pánico y reputación a su alrededor. Es transgresora, pero no se confundan, no es fácil. Cuando se siente triste o vacía se esconde, no habla, no comunica, espera sanarse de la batalla para presentarse de nuevo frente al mundo. 

Le encanta el placer, lo manifiesta, se enorgullece de ello. Sabe complacerse tanto que aquellos a quienes complace jamás pueden olvidarla. Se siente libre, es dueña de sí misma y nadie mejor que ella para amarse. No rechaza amores compartidos, pero le gusta escogerlos. Antes sufría por los rechazos, ahora se divierte con ellos.  A veces se ríe de quienes la temen, otras se indigna porque así sea. Pero aunque no sea fácil, toma la iniciativa, escoge, transgrede y se fortalece. Sola, en compañía, entregando o entregándose, Simona se ama

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